Escritor, novelista y poeta

Alfonso J. Paredes

Escritor, novelista y poeta


PINTADO ANTES DE LA QUEMA DE LA CAPILLA

Capilla Brancacci en Florencia

   Los rayos de luz que penetraban por la ventana y se diluían a través de las cortinas, lograron despertarme. Eran las 9 de la mañana. Abrí los ojos y tardé un rato en orientarme, en situarme en aquel lugar pues mi mente pensaba que estaba en mi casa. Por un momento imaginé que todo había sido un mal sueño, pero regresé a la cruda realidad con sólo observar la habitación, era evidente que no era la mía, es decir, la de mi casa. Un bullicio de gente se oía a través de la ventana, lo cual me producía un atisbo de curiosidad. Aunque ya despierta, estaba tardando en reaccionar y comprender donde estaba y por qué. Me costó levantarme, pero cuando lo hice me dirigí a la ventana para mirar, para hacerme una composición del lugar y, sobre todo, para comprobar si reconocía aquella calle. Debía saber dónde estaba, por si tenía que salir o tenía alguna emergencia, aunque más por curiosidad y porque pensaba que estaba obligada a saberlo. Eché un vistazo para ver si reconocía el lugar, alguna esquina, algún portal o algo que me resultara familiar. Creí reconocer la calle..., ¡no me lo podía creer!, estaba casi segura que me hospedaba un poco más abajo de mi casa, en un edificio que albergaban oficinas de bancos y la oficina de recaudación de los servicios del agua y recogida de basuras del Ayuntamiento. Debía estar en los bajos, aunque todos esos locales no pertenecían a las oficinas que allí desarrollaban su labor, sino que eran alquileres. -¡ Pues menudo escondite!- Pensé, aunque pensándolo bien era el escondite perfecto, ¿quién iba a pensar que estaría tan cerca de donde me buscaban?. Entonces me acordé del sobre que me dio Bernardo y que tenía en el bolso, allí ponía la dirección, la leería y no me cabrían dudas del lugar en el que estaba. Cogí mi bolso, que había dejado en la mesilla, lo abrí y saqué el sobre donde estaba escrita la dirección. No me había equivocado, era la calle Amistad 40, apenas cien metros escasos de mi casa, aunque mi casa no se podía ver desde allí pues a mitad de la calle hacía un recodo a la izquierda para continuar hasta el final, de modo que para ver toda la calle debías situarte en el vértice del recodo, o sea a la altura del número 35 y 36. Si superabas estos números, desde un lado de la calle no podías ver el otro.

     Había recorrido mi calle miles de veces, con lo que me conocía todos los recovecos para, en caso de necesidad, pasar desapercibida. Empecé a pensar que efectivamente ese era un buen lugar para esconderme y a la vez controlar la situación. Podía ver la parte superior del edificio que se encontraba en frente de mi casa, pues los números pares de la calle hasta el número 36 eran todas casas bajas, como la mía, pero la acera de los impares eran una mezcla de edificios altos y casas bajas. Aunque...,  no había entrado en aquel edificio por esa calle, debía haber sido por la paralela. Se situaba a distinto nivel, de modo que el sótano de la calle Concordia, que era por donde había entrado, correspondían con el bajo de la calle Amistad. Sí, había entrado a un local vano, un local que no se había utilizado nunca e iba a ser explotado por algún centro comercial o algún negocio grande que estuviera dispuesto a alquilarlo. Aunque el edificio no era precisamente muy nuevo que digamos, ya tenía sus añitos, lo que me dirigía a formularme la siguiente pregunta: ¿cómo es que nadie lo había alquilado antes para explotarlo comercialmente?. Ni me importaba ni quería perder más tiempo en averiguarlo. No estaba allí para saber de los vericuetos o vicisitudes de aquel lugar, me daba igual.

    Seguí leyendo la nota del sobre,  lo cual confirmó plenamente mis sospechas,  decía:  “Entrar por la puerta del subsuelo de la calle trasera y para salir por la principal”.  No me hizo falta exprimir mucho mi cerebro para comprender que la puerta trasera para entrar,  su objetivo era despistar a posibles seguidores,  y la principal para salir porque nadie se lo esperaría.

    Me fijé en una nota que habían dejado pegada en la puerta del armario: “en este armario te hemos dejado ropa”. Me sentí aliviada pues no había caído en la cuenta que, con la urgencia con que habíamos salido de mi casa, no me había traído ropa para ponerme, tampoco me suponía que la iba a necesitar fuera de mi casa. Así que abrí el armario y allí estaba la ropa, dispuesta en sus perchas los vestidos, los pantalones y las camisas; la ropa interior en sus cajones y las sudaderas y jersey doblados en las baldas del armario. ¿Cómo sabían mis gustos? Era todo ropa nueva,  se habían tomado muchas molestias en seleccionar toda esa ropa,  incluso algunos vestidos y pantalones eran idénticos a los que yo tenía en mi casa.  Quien quiera que hubiera comprado toda aquella ropa,  había visto mi armario,  estoy completamente segura.  La talla de mi ropa interior era la adecuada,  por lo que me preguntaba:  ¿o tienen algún cómplice que les está ayudando y que me conoce muy bien,  o han estado espiando mi armario? .

   Sólo el detalle de la ropa del armario, me hizo caer en la cuenta de que no iba a ser una tarea corta de unos días. Hasta este momento quería pensar que esto se solucionaría en poco tiempo, que sería como un mal sueño, y que volvería a mi vida normal. A estas alturas estaba ya en la certeza de que no iba a ser así, el detalle de la ropa era muy elaborado y cuidado, me hizo pensar que aquello iba demasiado en serio, fue este detalle el que me hizo creer verdaderamente en la misión que tenía por delante y que no iba a estar exenta de complicaciones, baches e infortunios. Tomé conciencia, a partir de ese momento, de lo que me esperaba, y no me gustaba en absoluto. Siempre había querido formar parte de una trama de misterio, con sus claves, persecuciones, averiguaciones y, quien sabe, romances inesperados; pero eso sólo ocurría en las películas de James Bond y lo veía como un juego. Ahora estaba inmersa en una aventura que superaba la ficción y no era para nada lo divertida que esperaba que pudiera ser. Ya no había vuelta atrás, lo que me quedaba era la resignación y el empuje. Debía huir hacia adelante, llevándome con migo todo lo que se me pusiera a mi alcance y supusiera un obstáculo. Recordé las palabras de Ernesto: “la verdad te salvará la vida, no te la calles”.  Caí en la cuenta de esa frase, quien tiene la información tiene el poder y la verdad es poder. Tenía que ponerme manos a la obra y averiguar todo lo posible para defenderme,  para salvar mi vida.

   No tenía pensado salir ese día de allí, tampoco creo que me conviniera, por lo que elegí una ropa cómoda: la ropa interior, no necesitaba sujetador pues me sentiría más cómoda, unos pantalones vaqueros, una sudadera y unas zapatillas de deporte. Además tampoco esperaba visita de nadie en algún tiempo. Aquí me habían dejado sola, sin saber cuánto tiempo tardaría alguien en aparecer por aquí. Yo tenía que marcarme mis tiempos para la investigación, y no sabía cómo ni por dónde empezarla.

    Bien debía comenzar por el principio, como se comienzan todas la cosa, y lo primero era yo y para empezar tenía hambre, por lo que lo primero que iba a hacer sería lavarme y desayunar. Una puertecita situada la derecha del armario daba acceso al cuarto de baño, por lo que no necesitaba salir de la habitación para acceder a él, a pesar de que tuviera su entrada principal por el pasillo. Me aseé y me vestí. La cocina estaba situada en frente del cuarto de baño, la primera puerta a la izquierda que me encontré cuando accedí al apartamento. Era una cocina grande, una encimera en forma de u de unos cuatro metros de larga, albergaban la vitrocerámica, el horno, el lavavajillas, el frigorífico, microondas y otros electrodomésticos además de los cajones y armarios para almacenar el menaje y objetos varios. En el centro de la cocina había una mesa rectangular de 1,5m. de ancho por 2 m. de largo y cuatro sillas, una por cada lado de la mesa. En la pared de la derecha había un ventanuco con hojas correderas y una repisa que daba a la estancia contigua, una despensa a modo de armario empotrado y la televisión suspendida de la pared. La cocina debía tener unas dimensiones de unos 20 metros cuadrados.  Abrí la despensa y comprobé que había alimentos para pasar bastante tiempo sin tener que salir a comprar. El frigorífico y el congelador estaban repletos de alimentos y ordenados según categorías, verduras, frutas, carnes, pescados etc... Pensé que este detalle era otra prueba más que confirmaba mis sospechas y mis temores; pero ya estaba inmersa en la actividad. Me preparé un desayuno con café con leche caliente y dos tostadas de mantequilla y aceite. No recuerdo cuanto tiempo hacía que no desayunaba con tantas ganas y tan contemplativamente.

   Una vez terminado de desayunar me dispuse a inspeccionar el apartamento, me acordé entonces que Bernardo me dijo que me había dejado un sobre con instrucciones en el cajón de la mesilla. Deseaba que esas instrucciones me aclarasen cómo debía comenzar a trabajar, pero me podía más la curiosidad de inspeccionar el apartamento en esos momentos, que ponerme a trabajar de inmediato. Hacía un poco de frío en la cocina pues estaba la ventana del fondo abierta, mi curiosidad me llevó a inspeccionar a través de la ventana, aunque se vislumbraba desde la cocina un patio interior. Me acerqué y efectivamente, era un patio interior circunscrito por varios edificios. Parte de la pared del fondo del local vano daba a ese patio de luz, incluso pude intuir el agujero de la pared por donde se colaba el rayo de luz en su interior. Un edificio se erguía por encima del local. La altura, con respecto a la calle, de los edificios de enfrente era superior a la de los edificios donde yo me encontraba, de modo que el sótano de los de enfrente correspondía al bajo de los de mi lado. La calle transversal que comunicaba una calle con su paralela era empinada y escalonada. Por lo que deduje que a ello se debía que, la entrada al local fuese por una puerta situada en el subsuelo del edificio, a la que se accedía a través de aquellas escaleras que se introducían en la acera y que me recordaban al bar de la famosa serie Cheers. El local no llegaba por su interior a la calle, pues se cortaba por un tabique en su interior que lo separaba de pequeños locales comerciales a lo largo de la pared y que daban a la calle Concordia, por donde se accedían a ellos; una panadería, una zapatería, una tienda de bicicletas y una ferretería, confortaban el largo correspondiente a la calle. Bueno me satisfacía el hecho de que dispusiera de luz natural por ambos lados del apartamento, el que daba al patio interior y el que daba a la calle, jamás hubiera soportado estar encerrada sin luz natural. La ventana por la que me había asomado para ver el patio interior distaba del suelo de este alrededor de un metro y tenía una altura de metro y medio, más o menos, separándola del techo lo que restaba para llegar a los tres metros de altura que tenía el piso desde el suelo hasta el techo. Tenía sus ventajas e inconvenientes, por un lado, la ventaja del fácil acceso al patio interior, por otro precisamente ese fácil acceso, pues cualquier objeto que cayera de los pisos superiores supondría que los vecinos me iban a pedir que se los cogiera. Aunque, pensándolo bien, ellos no debían saber que el piso estaba ocupado, por lo que tendría que evitar dar señales de vida a mis vecinos, o por lo menos no dar confianza.

   Salí de la cocina seguí inspeccionando el apartamento. La primera puerta que le seguía a la de la cocina, correspondía a la del salón-comedor, lo de comedor era un decir pues la cocina servía a la vez de comedor, un ventanal a cortinado y con persianas en la pared de enfrente, dejaba pasar la luz para iluminarlo, una mesa central, dos sofás dispuestos en forma de ele alrededor de la mesa y apoyados sobre la pared del fondo y el lateral izquierdo, trepanado por un ventanuco con repisa que daba a la cocina, colocado a escasos centímetros del comienzo del sofá. En la pared de enfrente un mueble colgado arriba y otro apoyado sobre el suelo, éste de unos 80 cm de altura con respecto al suelo, recorrían la pared de lado a lado y , en el hueco central, sobre la pared suspendía una gran televisión plana. Algunos libros en los estantes del mueble superior y, en un revistero situado junto al sofá de la pared del fondo y debajo de la ventana, algunas revistas sobre historia del arte y sensacionalismo tecnológico.

   La siguiente estancia era la más interesante y donde iba a pasar la mayor parte del tiempo, trabajando sobre el cuadro. Se trataba de un despacho con vistas al patio interior. -¡Menos mal!, pensé al ver el ordenador encima de una mesa que hacía también de escritorio, una impresora multifunción al lado y estanterías repletas de libros de todo tipo atravesaban la pared de la derecha de lado a lado. La estancia no era muy amplia, apenas tres metros de ancho por los cuatro de fondo, pero era más que suficiente. No observé ningún teléfono, pero sí un módem que indicaba que disponía de internet, cosa que me alegró pues necesitaría esa herramienta. No me detuve a indagar en más detalles, pues seguro que tendría tiempo de sobra para fijarme en todos ellos. Así que visualicé sólo unos segundos el despacho y cerré la puerta para ir al cuarto que estaba enfrente, era el último que me quedaba por inspeccionar. Estaba deseando acabar con la inspección para ponerme manos a la obra con lo del cuadro y averiguar por donde iba a empezar.

    A estas alturas ya tenía claro que mi estancia se iba a prolongar, por lo que debía familiarizarme para poder estar lo más cómoda posible. Abrí la puerta de enfrente al despacho de trabajo, comprendí enseguida cómo se iba a desarrollar mi trabajo en aquella estancia. Todo estaba lleno de tintes, pinceles, cubos, espátulas, material para la impresión, cables, lentes, reactivos y un sinfín de instrumentos de laboratorio y todo lo necesario para un análisis exhaustivo de cualquier cuadro, fotografía o imagen que se pusiera por delante; además de todo tipo de material de limpieza del hogar y mantenimiento del mismo. Había dado por concluida mi inspección del apartamento, por lo que ya sólo quedaba ponerse manos a la obra. La verdad es que no me apetecía en aquel momento, pero era una necesidad imperiosa si quería sacar en claro algo.

    Fui a la habitación a recoger el sobre que me había dejado Bernardo con las instrucciones, abrí el cajón de la mesilla y saqué el sobre, que estaba lacrado con el logotipo del club de poetas. En realidad, estaba a punto de descubrir un entramado que se me escapaba de toda lógica, y que nunca hubiera podido imaginar. Esta cosa pensaba que sólo pasaban en las películas de intriga, misterio, teorías de la conspiración o en los libros de Stephen King. Saqué unos cuantos folios del sobre apaisado, tamaño din A4, que me había dejado en la mesilla y me dispuse a leerlos.

    A medida que los iba leyendo, no podía salir de mi asombro y se hacía patente la certeza de que la realidad supera la ficción. Comenzaba con el siguiente relato:

    "Descripción del cuadro: Copia al óleo del fresco situado en la Capilla Brancacci en Florencia de Tommaso Cassai, sin restaurar, autor desconocido. Se realiza cromatografía del cuadro y prueba de C14, resultado en cuanto a la cromatografía me indica que fue pintado antes de la quema de la capilla, por lo que se demuestra que lo pintaron antes de su primera restauración. En cuanto al C14 lo podemos situar entre el 1429 y 1450, autor desconocido, fecha esta de especial relevancia por lo que más adelante informó. Sobre el escenario se observan tres tiempos o escenas diferentes que me llevan a investigar sobre su significado, según bibliografía se observa a San Pedro, que podría representar el poder de la iglesia, obteniendo de la boca de un pez unas monedas. Anotación: pez pudiera ser la representación del pueblo al que la iglesia sangra con sus bulas y donaciones para favorecer situaciones. La escena central nos presenta a Jesús indicando a sus discípulos el camino para conseguir el tributo. Nota: el autor del fresco nos quiere dar el mensaje que se crean escuelas de recaudadores para beneficiar a unos pocos voy a mencionar a una familia que revolucionó el renacimiento y que impuso el censo para tener a todos controlados ya sabemos de quien se trata...

 - ¡Dios mío los Médici! - pensé en voz alta y continué leyendo-.

...Según mis investigaciones el segundo personaje situado a la derecha de la escena central podría tratarse del mismísimo Felice Brancacci, patrono de la obra y relacionado con el comercio marítimo de la época, algo sospechoso en relación con la escena del hallazgo de la moneda...

- ¡Y tan sospechoso, era el que pagaba!, volví a interrumpir mi lectura y continué leyendo-.

 ...A mi modo de ver, existe cierto paralelismo de San Pedro con el Papa Martín V, de todos conocida la actividad que desempeñaba para la consolidación del poder de la iglesia, cuya financiación la obtenían del dinero para el pago de impuestos de fuentes ajenas a su entorno. Con todo ello Massacio pretendió transmitir con este fresco, su oposición a la reforma tributaria que se produjo en Florencia durante el año 1427, que obligaba a declarar las rentas propias con la introducción del catastro...

- ¡Y por eso se lo cargaron!, pensé-.

...Por último, la tercera escena, es la de San pedro, que esta vez pudiera representar al pueblo, pagando al recaudador sin piedad, el tributo recaudado para obtener los favores de los estamentos gubernamentales y de la iglesia.

    Impresiones personales: al poco de presentarse en Florencia, Tommaso muere en circunstancias nada claras, el fresco representa, a mi modo de ver una denuncia ante la sangrante situación de los artistas del momento; el que pagaba triunfaba y el que no pagaba el tributo quedaba relegado al más miserable abandono y olvido, y el que se quejaba o denunciaba la situación o estaba en contra, era muerto prematuramente y en circunstancias algo extrañas...

- ¡Lo que me suponía!, interrumpí mi lectura de nuevo, pero continué leyendo.

  ...Si la obra era meritoria y buena, daba igual se le daba fama a la obra, pero ya se habían cargado al autor, por lo tanto, le daban un reconocimiento póstumo a pesar de haberlo hecho morir. ¿A quién beneficiaría esto? Había una familia, los Medici, que impulsaron a los artistas de la época, dando lugar a un movimiento que se denominó “El Renacimiento”, pero para ello debieron mover muchos hilos y mucho dinero...

- ¡Ya lo había supuesto antes!, seguí con el texto.

...Tengo que averiguar varias cosas: ¿quién pintó el cuadro?, porque evidentemente se pintó antes de que sufriera el primer incendio y las numerosas restauraciones a las que sometieron el fresco; ¿por qué lo pintó y para qué?, sospechoso, quiso que viéramos el estado real del fresco, la dejadez a pesar de la importancia; ¿cómo murió Tommaso? se especula según algunos historiadores que fue envenenado, tengo que investigarlo; ¿qué relación tenían el hacedor de Tommaso y patrono de la obra Felice Brancacci, al que pintó en el fresco, con los Médici?."

 

    El resto de los folios eran fotocopias del cuadro en negativo, con filtros, aplicando contornos y analíticas cromáticas en las que estaban anotados una serie de números y letras que no tenían significado para mí, en ese momento. Me quedé con cara de boba, pensativa y taciturna. No hacía nada más que darle vueltas, sobre todo a la posibilidad de que Tommaso hubiera sido asesinado y, si así hubiera sido, ¿por qué?