Escritor, novelista y poeta

Alfonso J. Paredes

Escritor, novelista y poeta


LA VERDAD TE SALVARÁ LA VIDA

   Me encogí de hombros y asentí,  dejándome llevar por el crío. No tenía ningún plan pensado ni ninguna otra opción, así que nos pusimos a caminar, yo detrás del niño.

   Después de callejear durante tres cuartos de hora,  llegamos a una calle donde, al lado de uno de los portales, había una escalera que estaba por debajo de la acera,  me recordaba al bar de la serie Cheers.

     Guiada por el niño bajamos las escaleras y sacó una llave del bolsillo del pantalón,  la introdujo en la cerradura y,  con dos vueltas a la izquierda,  abrió la puerta.  Un hedor a polvo y a amoniaco invadió mis fosas nasales en el preciso momento en que se abrió la puerta.

- Hace mucho tiempo que nadie abre esta puerta Srta. Rosa,  ni tampoco ha venido nadie a limpiar. - se excusó el niño.

      Yo me encogí de hombros. El sitio estaba oscuro, aunque pude divisar, gracias a la poca luz que dejaba pasar la puerta entreabierta, que era un local vano, con las columnas de los pilares del edificio al descubierto, una nube de polvo se intuía a través de un pequeño rayo de luz que penetraba en la estancia, a través de un agujero de la pared más alejada a la puerta. La puerta se cerró tras nosotros y nos quedamos totalmente a oscuras, a excepción del pequeño rayo de luz del agujero de la pared. Dimos tres o cuatro pasos cuando el crepitar de las patas de una silla arrastrándose por el suelo, rompió el silencio rebotando el sonido contra las paredes de aquel antro.

-Bienvenida de nuevo Srta. Rosa. - Reconocí la voz de Bernardo,  que esta vez sonaba pausada y con sorna.

   A estas alturas mis ojos ya se habían acostumbrado a la penumbra de aquel antro.  Pude ver como atravesaban delante de mí cuatro ratas,  tranquilamente y sin asustarse. Bernardo estaba sentado a caballo en una silla,  con el respaldo delante y apoyando la barbilla encima.  También miró y siguió con la mirada a las ratas.

-No se asuste,  ya se acostumbrará a ellas,  como ellas ya están acostumbradas a nosotros. - Me informó Bernardo.

   La verdad es que no estaba asustada, si no que me producían repugnancia. Guardé silencio ante las palabras de Bernardo, esperando una explicación. Miré a mi alrededor y en una esquina vi un objeto del tamaño de una cama recostado sobre la pared y tapado con unas sábanas. Bernardo me mantuvo la mirada, escrutándome e intentando averiguar mis pensamientos mientras se pensaba lo siguiente que me iba a decir. Se levantó bruscamente de la silla y dio media vuelta para dirigirse al objeto que estaba apoyado sobre la pared en aquella esquina...

-Rosa- hizo una pausa y yo permanecí en silencio mientras me acercaba poco a poco hacia él.

- Vd. misma podría haber abierto la puerta con su llave de haberlo querido- me increpó.

- De haberlo sabido- le corregí.

- Lo sabía, sólo tenía que haber leído la carta que le entregué con las llaves. Por cierto ¿ ya la ha destruido?- no me dejó contestar- Pues debería haberlo hecho como le dije, si los de la SIDTERPA la hubieran encontrado, habría puesto la misión en serio peligro, y no sólo la misión si no su vida y la de gente que no conoce todavía, pero que está relacionada con Vd. y la misión. Esto que está apoyado en la pared es el cuadro que vio en Alcandoria 66 y este lugar es donde lo escondemos. Es aquí donde debe venir a estudiar el cuadro para averiguar lo que Luis había descubierto. No ha empezado todavía la misión, ni siquiera ha pensado sobre cómo empezar.

-¿Cómo puede decir semejante desfachatez?- le interrumpí con ira y con gran enfado.- ¿ A caso a todo lo que me ha pasado no le da importancia?, me han seguido, me habéis mandado con vuestros estúpidos mensajitos en latín de un lado para otro, me habéis amenazado, me habéis metido en un asunto que no tiene ni pies ni cabeza, han derribado la puerta de mi casa y a saber que han hecho dentro, ahora piensa la policía que yo he matado al vigilante de la biblioteca que, por otro lado, no me extrañaría o mejor dicho estoy convencida que lo hizo ese otro de esa empresa, ¿cómo se llama? ¡ah, sí! SIDTERPA que no sé qué demonios significa y es la segunda vez que lo oigo.  Han querido matarme y ahora no puedo volver a casa.  ¿Y dice que ni siquiera he empezado? . - Me sentía enojada,  con lágrimas en los ojos y,  sobre todo,  con unas ganas tremendas de pegarle un puñetazo en la cara y saltarle todos los dientes,  por muy Bernardo que fuera y por muy poeta literato que fuese.

- Conténgase Rosa,  hay un niño delante.  Por cierto se llama Lorenzo y por lo poco que se de lo que averiguó Luis,  deberías indagar en su pasado.  Venga conmigo a solas un momento.  Espérate ahí Lorenzo. - Me asió del brazo y me llevó a un lado más oscuro de aquel antro asegurándose que desde allí no nos iba a oír Lorenzo.

-Es huérfano de padre y madre, murieron en un accidente de tráfico, creemos que no fue fortuito si no que  la SIDTERPA está implicada, desde entonces vive conmigo, extraoficialmente porque “Protección de Menores” lo busca pensado que ha huido tras la muerte de sus padres, a los que conocí a través de mi hermano Ernesto, que es conserje del colegio donde iba Lorenzo. Evidentemente ahora ya no va a ese colegio y mi hermano no sabe nada, mejor evitar que lo sepa demasiada gente y menos mi hermano pues enseguida le interrogarían los de la SIDTERPA  y lo descubrirían, mi hermano un pobre conserje. Luis descubrió algo relacionado con él y con el cuadro y la SIDTERPA, no sabemos cómo, se enteró de que Luis había hecho el hallazgo.  Desde entonces Luis me dijo que lo seguían y que creía que su vida corría peligro, yo no lo tomé muy en cuenta y le quité hierro al asunto, pero, aquella mañana, Luis apareció ahorcado. El resto ya lo conoce- Me informó Bernardo susurrándome al oído, mientras vigilaba que Lorenzo no se acercara demasiado para no oír lo que me decía.

-Pero...- increpé enérgicamente- ¿me quiere decir que demonios es SIDTERPA?

    Se hizo un silencio sepulcral durante unos segundos, luego Bernardo acercó su boca a mi oído derecho y susurrándome me dijo:

- Son los servicios secretos, los espías. Las siglas SIDTERPA corresponden a los Servicios de Información para la Defensa del Territorio y del Patrimonio,  “SIDTERPA”,  dependientes del Ministerio de Defensa,  Interior y Cultura.

     Yo enmudecí durante unos instantes, intentando asimilar la información que me acababa de facilitar Bernardo. Ya se me habían pasado las ganas de partirle la cara y le observaba con la mirada clavada en sus ojos, haciéndole saber que comprendía la situación y el secretismo conferido, dada las circunstancias  que se trataba de un menor y que Luis había sido asesinado. ¿Qué sería lo que Luis había descubierto?. De repente me entraron unas ganas enormes de averiguar qué había visto Luis en el cuadro que tuviera relación con Lorenzo, teniendo en cuenta que la imagen era del siglo XV en pleno renacimiento. Era absurdo. Se despertó en mí una curiosidad enorme y sentí la necesidad imperiosa de llegar al fondo de todo este asunto.

    Estaba en estos pensamientos cuando Bernardo levantó la mano y apuntó con el dedo hacia arriba, como queriendo decir:  ¡un momento!. Empezó a andar a paso ligero hacia un lateral de la estancia donde había una puerta, la abrió y entró. No sabía si seguirle o esperarle y, justo en el momento en que iba a salir en su busca, apareció de nuevo por la puerta por la que había entrado, con una bandeja con comida en una mano y una mesita pequeña de 40X50X50 en la otra, dirigiéndose hacia mí.

- Sé que no has comido nada desde... bueno no sé exactamente desde cuándo,  pero debes tener mucha hambre. - Me gritó mientras se acercaba,  con la intención de marcarse un tanto a su favor.  Y lo había logrado,  se marcó un tanto a su favor,  porque me hubiera comido un elefante si me lo hubiera servido en bandeja.

-Tres días- le repliqué.

    Me colocó la mesa delante de mí,  puso la bandeja encima y me trajo la silla donde estuvo sentado hacía un rato,  indicándome con ademán cortés que me sentara y que degustara la comida que me había traído.  Macarrones con tomate y atún,  una cuña de queso,  una naranja y un vaso de refresco de naranja.  Aquello me parecía un verdadero manjar,  teniendo en cuenta el hambre que tenía,  y me dispuse a devorarlo todo.

   Bernardo se retiró a un lateral de la nave con Lorenzo, pude ver como hablaban entre ellos, pero no pude oír nada de lo que estaban diciendo y, llegados a este punto, tampoco me importaba demasiado. Le agarró de la mano y le acompañó hacia la puerta, supongo que le despidió pues le abrió la puerta y le dejó marchar. Cerró la puerta y se quedó de pie delante de ella observándola, pensativo, pero lo que creo que realmente estaba haciendo era tiempo, tiempo para que terminara de comer.

   Yo no dije nada mientras engullía la comida que me había dispuesto,  apenas alcé la cabeza para ver la situación de Bernardo,  quizá porque estaba aterrada,  quizá porque estaba avergonzada o quizá porque no quería desperdiciar nada de lo que estaba comiendo.  Terminé con el último gajo de la naranja y levanté la cabeza,  Bernardo se adelantó tres o cuatro pasos,  me miró fijamente y en tono un poco enfadado y un poco condescendiente empezó a relatarme:

-Rosa,  Rosa,  Rosa. - hizo una pausa para pensar cómo iba a encauzar lo que tenía que decirme.

-"condiita, tutus et implevit". -  Hizo otra pausa mientras yo le observaba impaciente.- ¿Crees realmente que esa frase te ha llevado a Alcandoria 66 o te ha traído aquí?. No has comprendido nada. “Guardad, proteged y cumplid”, ¿Que hay que guardar, proteger y cumplir, Srta. Rosa?. No lo sabes ¿Verdad?. Pues nosotros tampoco, no te sorprendas, te pusimos la frase para ver si nos dabas alguna pista. A Luis lo mataron los de la SIDTERPA, yo creo que mi hermano sabe algo, por lo que temo que le interroguen, por eso él no sabe lo de Lorenzo. Es la frase que me dejó Luis escrita en una servilleta de papel antes de salir de la cafetería, donde me confesó que pensaba que le seguían, me dijo que me pusiera en contacto contigo y que investigaras esa frase y el cuadro, que ya lo entenderías y que cuidaras de Lorenzo. Yo no sé si es buena idea lo de Lorenzo, pero seguro que algo tiene que ver con todo esto. El descubrir esta trama y la relación que tiene todo esto con ese niño, la SIDTERPA y el cuadro, supera en mucho la capacidad de comprensión de cualquiera que lo intente. Estás a partir de ahora en busca por el gobierno, sólo nos tienes a nosotros y a la verdad. Si descubres la verdad, no te la calle pues el decirla te salvará la vida. A partir de ahora dormirás en un cuarto contiguo a esta estancia, tienes comida, cocina, cama, televisión y un ordenador con internet. Te proporcionaremos todo aquel material que creas necesario para examinar el cuadro. No saldrás de aquí sin antes ponerte en contacto conmigo con este teléfono móvil, con un número nuevo a nombre de un compañero del club de poesía, para que no puedan rastrearte con  tu terminal. Y por último, cuando salgas, deberás cerciorarte de que no te siguen. Te hemos proporcionado ropa de hombre para que te puedas camuflar, las salidas siempre las harás de noche, ¡ah! lo de la oficina de Alcandoria 68 olvídate es demasiado peligroso,  seguro que la están vigilando.  ¿Tienes alguna pregunta?

    Me tendió la mano para depositar en mi mano una tarjeta con su número de teléfono,  me proporcionó un terminal de teléfono móvil que sacó del bolsillo y un cargador de móvil.  Por supuesto el número de teléfono móvil que me proporcionó para que le llamara,  no constaba a su nombre en previsión de que lo tuvieran pinchado.  

   Mientras yo palidecía intentando asimilar toda la información que me había dado Bernardo, él me miraba fijamente a la espera de cualquier pregunta que le pudiera hacer. Noté que había pasado de tratarme de Vd. a tutearme, de modo que le dio a la conversación un tono más cercano y paternal, al mismo tiempo que me dotó de mayor confianza, aunque atisbaba un tono más inquisitorial. Nunca me había sentido tan inferior, tan apabullada y tan tonta. Y pensar que, a pesar de todo lo sucedido, aquella misión me había parecido emocionante, con su frase en latín de la que creí haber resuelto su enigma, pensando que me había llevado a Alcandoria 66 y hasta aquí. Ahora ya no me parecía tan emocionante, ahora ya estaba jugando con mis sentimientos, mi integridad moral y física, con mi vida y podría ser con la de un niño.

   Sí, si tenía muchas preguntas en la cabeza para formulárselas a Bernardo, pero no era capaz de articular palabra. Sobre todo quería saber ¿por qué?. Ya no estaba atraída por el cuadro, ya sólo quería volver a mi vida anterior; pero algo me decía que debía seguir, pues mi vida a partir de aquí había cambiado. Era necesario seguir pues creo que de ello dependía mi vida, me había metido de lleno en algo que me superaba y que debía solucionar. Ya no había marcha atrás, por lo que decidí no formular ninguna pregunta a Bernardo, agachar la cabeza en señal de asentimiento y obedecer en todo lo que se me mandaba.

   Estaba muy cansada,  eran demasiadas cosas,  demasiadas preguntas,  mi trabajo,  mi casa,  mis amigos,  todo lo que hasta ahora tenía quizá lo había perdido ya.  No podía pensar claramente y,  aunque era extraño,  estaba tan apabullada que no estaba teniendo ningún ataque de ansiedad,  como hubiera ocurrido en otras circunstancias con la mitad de los problemas imprevistos de los que ahora estaba teniendo.

   Por otro lado estaba mi trabajo, no podía ponerme en contacto con mi jefe o con mis compañeros. En estas circunstancias iba a perder mi trabajo por lo que me surgieron una duda primordial: ¿de qué iba a vivir?, del aire seguro que no. Tenía que aclarar esta tesitura con Bernardo, aunque intuía que este no era el momento, ya habría tiempo más adelante. Además, seguro que esta situación ya la habría previsto y ya que iba a trabajar para ellos, seguro que tenían prevista mi remuneración. A lo que me llevó a la siguiente duda, está más aterradora, ¿qué pasaría con mi madre?, ¿qué le contarían?. En fin, tiempo seguro que habría para aclarar todas estas cuestiones, ahora lo que más me preocupaba era descansar y no pensar en nada por unas horas.

   Bernardo se debió percatar de todo esto y me asió por el brazo para dirigirnos hacia la puerta por donde salió con mi comida. Los pasos sonaban huecos y rebotaban en las paredes de aquella nave, rodeando sus columnas para volver a nuestros oídos. Guardábamos un silencio sepulcral mientras nos dirigíamos a la puerta, ya estaba todo dicho por ahora. Me dejé llevar. Cuando estábamos a la altura de la puerta, Bernardo la abrió, una cortina de luz inundó la nave de modo que incluso hacía daño a la vista. El haz de luz dejaba ver un halo de polvo del mismo tamaño que la distancia que recorría la luminiscencia. No tenía ni ganas ni fuerzas para fijarme en los detalles que se vislumbraban con la entrada de luz en aquella nave. Bernardo se apartó hacia un lado de la puerta e hizo ademán cortés para que yo pasara primero. No pensaba llevarle la contraria, ni tenía ganas, así que cumplí su deseo y entré yo primero. Me quedé anonadada, tras esa nave que guardaba tanto polvo y suciedad, sólo había que atravesar una puerta y un paraíso se escondía detrás de ella. A estas alturas cualquier apartamentico me parecía un paraíso. Un pasillo central iba de un extremo a otro, culminado por sendas puertas una por donde yo había entrado y otra de salida al exterior, supongo. A cada lado del pasillo se distribuían tres puertas, las de la derecha no distaban de una a otra la misma distancia que las de la izquierda. A la derecha la primera puerta era de un cuarto de baño espacioso, de 4 metros de largo por tres de ancho, con bañera, lavabo, bidel y taza de wáter.  La siguiente puerta de la derecha pertenecía al dormitorio, de unos 16 metros cuadrados,  con una ventana al fondo y al lado distal de la cama cuyo cabecero estaba pegado a la pared de la izquierda en el sentido de mi marcha, empezando por la puerta por donde había entrado, dos mesitas, una a cada lado del cabecero de la cama y un armario en la pared de enfrente, a la derecha del armario una puerta que daba al cuarto de baño y de la que no me había percatado en mi primera inspección del W.C. Una mesa de escritorio y una silla completaban el mobiliario del dormitorio, cuya pared estaba pintada de color pastel. No pude continuar con la inspección del apartamento por el momento, pues estaba tan agotada que decidí posponerla para cuando hubiera descansado.

    Bernardo,  que se había percatado de mi lamentable estado y de la necesidad de descanso que mi cuerpo requería,  se despidió de mí con un tono que insinuaba lástima:

-Bueno Rosa, descansa y repón fuerzas, yo me marcho y no sé aun cuando volveremos a vernos, aunque estoy seguro que lo haremos. En el cajón de la mesita de la derecha de la cama te he dejado un sobre con unas instrucciones, léelas cuando te levantes y estés mejor. Ahora toma una ducha y acuéstate, se te ve muy cansada. No intentes ponerte en contacto con tus compañeros de trabajo o con tu madre, tendrán los teléfonos intervenidos, ya nos encargaremos nosotros de todo eso. A tu madre le diremos que te hemos ofrecido un trabajo en Italia y que te has tenido que marchar a toda prisa, sin poder avisar a nadie y que ya la llamarás cuando puedas, en fin la intentaremos tranquilizar para que no se preocupe al menos durante algún tiempo.

   Cerró la puerta tras de sí y quedé sola en la habitación. Oí cómo cerraba la puerta del final del pasillo y echaba la llave. Le hice caso, tomé una ducha y me tumbé en la cama. Las sábanas eran de seda, del mismo color que la pared de la habitación, por lo que deduje que tras la decoración estaba una mujer, aunque no era el momento de hacer ese tipo de averiguaciones. Como manta y colcha tenía un nórdico enfundado, de color blanco con trazos cortos de rayas negras. Me habían dejado un pijama de color blanco y amarillo debajo de la almohada, de mi talla, lo cual me sorprendió. Estaba todo muy bien pensado.

 

   Me puse el pijama,  me tumbé en la cama y me arropé hasta por debajo de la barbilla y caí profundamente dormida.

 

 

CAPÍTULO III (1)