Escritor, novelista y poeta

Alfonso J. Paredes

Escritor, novelista y poeta


LA SIDTERPA

    No podía ni imaginar la repercusión en mi vida y en la vida de algunos políticos y personas relevantes de la cultura y el arte iban a tener la aceptación por mi parte de la pertenencia a aquella sociedad, y a la continuación de la misión encomendada a Luis.



    Pero no me quedaba más remedio que dedicarme a esa misión. A estas alturas era imposible echarse atrás, aunque tampoco sé si quería hacerlo por mi curiosidad, me sentía atraída por esa misión.

    Tosía un montón cuando me desperté, me sentía fatal, tenía frío, la frente me ardía y la garganta me dolía. No me cabía la menor duda de que me había resfriado. Haberme acostado con la ropa mojada, había contribuido a generar mi malestar.  Me sentía muy contrariada, pues no era el mejor momento para eso, no me podía permitir el lujo de caer enferma. Dios mío si al menos tuviera el apoyo de alguien...; pero no, no podía contar con nadie, con nadie en absoluto. Tenía que sacar fuerzas de flaqueza. Me levanté de la cama, me fui a la ducha, y el agua tibia recorrió mi cuerpo para dejarme extasiada, ¡cuanto necesitaba aquella ducha! Tras secarme, comencé a pensar en que lo mejor era recuperarme para ponerme en marcha, porque luego, necesitaría de toda mi fuerza para poder cumplir la misión que me encomendó Luis. Así que decidí quedarme un par de días más en cama. Sólo me levantaría para ir al baño o para tomar algo líquido.

    No lejos de mi casa, alguien, también estaba algo mareado, y no era por un resfriado, si no por el hecho de que yo había comenzado con lo que dejó Luis. Claro que yo, en ese momento, no sabía eso, lo supe a posteriori, cuando me reuní con ese hombre en una comisaría, pero aún no hemos llegado a eso, vamos por partes. A ese pobre hombre le remordía la conciencia porque le habían hecho creer que había acabado con la vida de Luis por error. Se llamaba Ernesto. Era un conserje en el colegio de primaria, y, además, el hermano de Bernardo. Ernesto había sido enviado por el gobierno para que colocase pruebas en contra de Luis bajo amenazas, pero cuando fue a poner la primera, Luis le descubrió y Ernesto, que no controla su fuerza, le asesinó, almenos eso fue lo que le contaron. Luego fingió que había sido un suicidio. Para la organización no cabía duda de que Luis fue asesinado, pero yo no sabía eso aún, solo sabía que Ernesto permanecía hasta altas horas de la madrugada despierto con las luces encendidas. Lo que no sabía, era que estudiaba para localizar al resto de los miembros de la organización, creyendo, como le había dicho el gobierno, que era una organización criminal.

    Por supuesto Bernardo no sabía que su hermano Hernesto era un agente camuflado de Patrimonio del gobierno, por lo que yo tenía entendido en ese momento.  ¿Cómo se lo iba a suponer? ¡Su propio hermano! .  Aunque como ya dije antes,  que supe que sufría bastante por este hecho.  Los servicios de información para la defensa del territorio y del patrimonio ,  “LA SIDTERPA” ,  dependientes del Ministerio de Defensa,  Interior y Cultura,  por supuesto mandaron a su propio forense,  quien certificó que había sido un suicidio ahorcándose hasta la muerte, de eso sí estoy segura.  Pero como ya dije antes,  para llegar a esta conclusión,  voy a ir paso por paso:

    Al segundo día de permanecer recuperándome en mi casa, me levanté dispuesta a pasar un tercer día, pero al ver mi móvil en la mesilla no pude resistirme a la tentación de echarle un vistazo para ver si me habían llamado. 38 Llamadas, 60 WhatsApp y todos refiriéndose a la preocupación por mi estado de salud y a mi localización, ya que no había acudido a mi trabajo ni tampoco había respondido a las innumerables llamadas y mensajes enviados por mis compañeros. También habían dejado algún mensaje en el contestador, uno de mi madre preocupándose por mí, o más bien echándome la bronca

    - ¿Donde estás Rosa hija,  ya has estado de juerga y has bebido? ,  llevan tus compañeros de trabajo dos días llamándome para preguntar si te ha pasado algo.  Ya me tienes preocupada y me estás asustando,  esto no se le hace a una madre,  por lo menos llámame y da señal de vida. - Sonó el pitido de fin de mensaje.

    Como mi madre ya me conocía y sabía que en otras ocasiones en que había estado de juerga, no había dado señales de vida en varios días, pensaba que en esta ocasión era lo mismo. Así que lo primero que hice fue llamar a mi madre por teléfono. No tenía nada preparado para contarle, pero lo mejor era decirle la verdad, que había estado enferma y que no me había podido mover de la cama, sin más y sin juergas de por medio. Cogí el teléfono y marqué el número, un tono, dos tonos, tres tonos, hasta ocho tonos sin respuesta. Me eché a temblar, me estaba mareando y sentí la necesidad imperiosa de ir al baño a aliviar los retortijones de estómago que estaba sufriendo en ese momento, sólo de pensar que a mi madre le hubiera ocurrido algo. Luego pensé:

    -Tranquilízate,  toma aire,  y analicemos la situación.  Puede que esté en el baño y no haya podido coger el teléfono,  puede que me haya equivocado de número,  puede que haya salido a la compra o a cualquier otro quehacer. -

    Mi madre es una persona hogareña, sale poco, tiene poca relación social y la que tiene es muy selecta y en contadas ocasiones. Siempre ha estado al otro lado del teléfono cuando la he llamado, esta es la primera vez que no me contesta a una llamada. Así que volví a marcar el número, esta vez me cercioré que los números eran los correctos, y de nuevo ocho tonos y ni señal de vida. Ahora sí me debía preocupar de verdad. Llamé al trabajo para decirles lo mismo que tenía pensado decirle a mi madre, pero no se lo tomaron nada bien, de hecho supe a posteriori que habían estado haciendo pesquisas con la policía pensando que podrían haberme secuestrado o algo peor. Yo soy cajera de la Caja de Ahorros Monte de la Esperanza y llegados a esta situación debían contratar a un sustituto o sustituta, ya que era una entidad financiera pequeña y no podían prescindir del poco personal que disponían. Claro eso les iba a suponer el desembolso de un dinero extra que no sentaba nada bien a los propietarios de la entidad.

    Después de hacer la llamada pertinente,  me duché,  me pinté,  me puse mis pantalones vaqueros y una blusa con flecos por fuera y zapatillas de deporte.  Al fin y al cabo no iba a ir a ninguna fiesta ni ninguna reunión social,  ni siquiera iba a salir con mis amigas.  Sólo pretendía acercarme a casa de mi madre para interesarme por su paradero,  si estaba bien y saber por qué no me había cogido el teléfono.  Así que bajé las escaleras y salí a la calle. De nuevo me empezó a temblar todo el cuerpo, pero no de frío, y supongo que palidecí de súbito, pues al pasar por un quiosco pude ver un titular de prensa: "Un vigilante de la empresa ASEGURISA es hallado muerto en el baño de la biblioteca "Delgado Valhondo", donde realizaba su trabajo. No me lo podía creer, el nombre de la empresa no coincidía con el nombre del uniforme de aquel vigilante que me abordó en la biblioteca. Tenía que comprar ese periódico. Me acerqué al quiosco y compré un ejemplar,  doblé la esquina y me puse debajo de la marquesina de la parada de autobús.  Debía coger el 12 que era el que me dejaba en la calle Concordia,  justamente en el Nº 7 que es donde vive mi madre; pero como aún quedaban unos 10 minutos para que llegara mi autobús, abrí el periódico y me dirigí directamente a la página de sucesos, donde aparecía la noticia del titular de prensa, y leí:

"El vigilante de seguridad de la empresa ASEGURISA, que custodiaba las dependencias de la biblioteca pública Delgado Valhondo, fue encontrado el lunes, al entrar el turno de la tarde, tendido en un servicio de caballeros de la biblioteca, por uno de los empleados, ha sabido este diario por fuentes no oficiales. Según dichas fuentes, el vigilante de seguridad presentaba signos de violencia, en concreto un golpe inciso contuso en la región occipital del cráneo, lo que le produjo, presuntamente, la muerte instantánea. Según ha sabido este diario, los empleados encontraron un ordenador encendido y en su pantalla aparecía la página web del Café-Tertulias Alcandoria. Las autoridades están investigando estos hechos y se ha declarado el secreto de sumario..."

    Fui incapaz de seguir leyendo, estaba horrorizada y segura de que me iba a salpicar. Me encontraba mareada, muerta de miedo y se me saltaron algunas lágrimas, pero debía continuar con mi propósito, ya no había vuelta atrás, debía comprobar si mi madre estaba bien.

 

  Llegó al minuto un chaval de unos 22 o 23 años, con los pantalones vaqueros bajados de modo que dejaban ver medio calzoncillo de su trasero, un jersey negro, la mitad de la cara estaba oculta por un gran mechón de pelo y la otra mitad al descubierto. En su mano derecha portaba un móvil última generación del que salían unos auriculares directos a sus oídos, infundiéndole a su cuerpo un movimiento rítmico y mimético hacia atrás y ´hacia adelante. Le miré el suficiente tiempo como para darme cuenta de los rasgos descritos y luego desvié la mirada fingiendo que me daba igual que estuviera allí; pero no paraba de pensar en que si no se echaba para atrás ese pelo, jamás se le iban a curar los granos de ese lado de la cara, cosa que me causaba risa pues era una verdadera estupidez. Volví a echarle una mirada y me quedé perpleja, me sostuvo la mirada y sin emitir sonido pude leer en sus labios que me decía : “Implevit”. Me quedé helada y con la boca abierta. Cuando me disponía a pedirle explicaciones, paró una motocicleta a su lado, le invitó a subir y se marcharon a toda velocidad. No me dio tiempo a articular palabra pues todo pasó muy rápido. 

 

CAPÍTULO II 2ª

AMOR SINCERO