Escritor, novelista y poeta

Alfonso J. Paredes

Escritor, novelista y poeta


eL DINERO DEL TRIBUTO

Fresco de "El Dinero del Tributo" de Tommaso Cassai

    El taxista miró a través del espejo retrovisor e inició la marcha,  sonaba una hermosa canción que no pude identificar el título ni el autor, aunque sí que estaba segura de que era música celta.  Eso me dio fuerzas,  me ayudó a tener las cosas más claras,  fue el único momento de relax que había tenido durante todo el día.  

    Tardamos en llegar unos siete minutos. Pedí la cuenta, pagué y me bajé del taxi. Me coloqué firme frente a la puerta y allí, a las 18:00 en punto, hizo mi entrada en la cafetería.  Era un local reconstruido sobre un palacete antiguo, quizá con tintes romanos. Frente a la puerta estaba la barra que iba de lado a lado de la pared haciendo forma de “U” muy ancha, sus extremos no tocaban las paredes paralelas, sino la misma pared del fondo. En la pared de la derecha, dos grandes arcos de mampostería franqueaban a una sala contigua, más larga que ancha, al fondo un tarimado que hacía la función de escenario y rodeándolo cuatro tinajas romanas de metro y medio de diámetro que llegaban casi hasta el techo abovedado. Todo iba a tener sentido, todo se solucionaría. La imagen de Luis rondaba mi cabeza cuando entré, y vi que había un grupo en un lado de la cafetería. La cantidad de ellos y sus caras me decían que eran quienes estuvieron en el funeral de Luis. Me acerqué a la barra y pedí un café con leche. De pronto, alguien, dijo mi nombre y, entonces, me di cuenta de que aquello, era real.  Tan real que toda esperanza de que allí iba a acabar todo se desvaneció en un instante. No sé si me quemaba más el paso del café con leche caliente que transcurría por mi garganta, o el contemplar lo que allí estaba a punto de ocurrir. Mi cabeza seguía dando vueltas, ¿ que era lo que tenía que proteger, guardar y cumplir?, era la pregunta que me formulaba insistentemente, martilleando mi cabeza. Señorita Rosa acompáñeme por favor. Me invitó el señor que se me había adelantado para recibirme, y que estoy segura que me estaba esperando, si no ¿cómo es que sabía mi nombre?, estaba claro que me esperaban. Bajó la mirada al suelo y se giró sin mirar si le seguía, porque estoy segura que lo daba por hecho prepotentemente. Su capa de color negro le arrastraba por el suelo no dejando ver sus pies, tal parecía que levitara, y con paso acompasado atravesó la puerta situada al final de la barra que giraba en forma de ele acabando en la pared. Ni se molestó en mirar hacia atrás para ver si le seguía, pero no tenía más remedio que seguirle, me hubiera sido imposible no hacerlo si quería ver algo de luz en todo esto. Entré en aquella amplia habitación y lo que allí contemplé me quedó anonadada. Era toda una galería de arte, cuadros de todo tipo y autores, pero realmente no eran demasiado valiosos, aunque sí eran bellos y bien ejecutados. El señor había desaparecido, no estaba inexplicablemente en aquella habitación convertida en galería de arte. Enseguida comprendí que me había quedado sola a propósito, quizá para que pudiera contemplar los cuadros con más detenimiento. La verdad es que yo no soy muy aficionada a la pintura y me cuesta reconocer a un autor y a su cuadro, a no ser que sea demasiado famoso o importante, aunque las clases de historia del arte sí que habían dejado su huella en mi memoria durante el instituto. Uno a uno fui mirando los cuadros, que no me decían absolutamente nada hasta que, en una esquina y a oscuras, un cuadro solitario me llamó la atención. Reconocí el cuadro, pero no como estaba allí pintado, lo había visto mejor pintado, más nítido, más nuevo, ya sé, lo había visto antes restaurado. Lo que allí estaba viendo era un cuadro sin restaurar, un cuadro en toda su crudeza, un cuadro virgen, y sí reconocí el cuadro de un valor incalculable, una réplica al óleo de  “El dinero del tributo”, un fresco en la Capilla Brancacci en Florencia de Tommaso Cassai, cuando aún no estaba restaurada; en definitiva el autor era uno de los precursores de grandes pintores como Miguel Ángel, Botticelli o Leonardo. El cuadro allí representado, sin duda plasmaba el deseo de documentar la historia religiosa a través de una combinación de color vivo, sombra y transparencia. El fresco muestra la llegada de Jesús y sus apóstoles a Cafarnaúm, Tommaso se basa en el relato del Evangelio de Mateo. Se observan tres escenas en la historia: la primera y a la izquierda del cuadro, Pedro pesca los peces en el lago de Galilea y extrae la moneda de uno de ellos, una escena central que corresponde con la petición de los Tributos con la inmediata respuesta de Jesús a Pedro al que le señala cómo encontrar el dinero necesario; y, a la derecha, Pedro da el dinero del Tributo al cobrador de impuestos frente a su casa.

    - ¡Dios mío! este cuadro tiene que tener un valor incalculable, aunque yo sólo conocía la existencia del fresco en la capilla, no sabía que lo habían reproducido en pintura en un cuadro- Pensé en voz alta.  

    -En efecto señorita Rosa, es el cuadro de la Capilla Brancacci sin restaurar. El que usted ha visto es una burda copia restaurada y tomada por auténtica- El susto que me llevé fue desapareciendo a medida que exponía su tesis, era otro de los dolientes del club de poetas que se presentó en casa de Luis a dejar la corona. Este era un poco más joven que el anterior, más guapo, con los ojos azules y melena rubia, metro ochenta aproximadamente y con una cicatriz debajo del lóbulo de la oreja derecha. Sus manos eran grandes con largos dedos y su constitución delgada. Me acordé entonces de la descripción que me dio el camarero sobre la persona que me había invitado al café y coincidían con los rasgos de la persona que tenía delante. Me tendió su mano para que le acompañara y nos dirigimos a una puertecita que había al fondo de la estancia muy poco iluminada.

    -Usted primero señorita Rosa! -

    -Aquí todo el mundo parece conocerme- Le increpé.  

    - Luis nos habló tanto de usted,  que parecía ya como de la familia.  Me llamo Bernardo,  disculpe que no me haya presentado antes.  Todo ha ocurrido muy deprisa y la muerte de Luis nos ha cogido a todos por sorpresa- Atravesé la puerta y pasamos a una pequeña estancia que se utilizaba como despacho,  con su escritorio,  un ordenador y una impresora y una estantería repleta de libros,  y algunos manuscritos.

    -Perdone,  pero ¿qué hago yo aquí? -

    Hablé sin darme cuenta de que en realidad había preguntado algo sin ser consciente de ello.  Tenía tantas preguntas,  tantas cosas en mi cabeza,  que... Entonces me miró y me dijo

    -Cumplir lo que quería Luis.

    Le observé y me senté en una silla frente a la mesa.  ¿Cumplir? Pero... Sí, parecía que Luis me había escogido para cumplir lo que él no pudo hacer en vida. Aquella era la única parte del mensaje que aún estaba sin realizar. Lo demás, lo habían hecho Luis y sus compañeros. Aunque aún, me preguntaba a qué se dedicaban. Deseé preguntar más pero, por algún motivo, la voz no salió de mi garganta como la primera vez, tan solo apareció una leve voz que no llegó hasta los oídos de Bernardo. El siguió mirándome, se levantó y se dirigió hacia la estantería de donde tomó uno de los ejemplares. Un manuscrito. Lo abrió con cuidado y comenzó a leer en voz alta:

    -Nosotros, los hermanos de la Orden de “ El Club de poetas libres”, siempre velaremos porque la verdad salga a la luz, para que se cumpla dicha verdad, cada uno tendrá un hermano secreto que le sustituya cuando, por alguna desgracia, no se pueda realizar la misión en marcha. Ese hermano, ya sea hombre o mujer, nunca debe de saberlo, y ha de acudir por voluntad propia, siguiendo las pistas que el miembro le deje. Si llegado el momento, se niega a cumplir dicha misión, no será juzgada o juzgado, solo ignorado y, bajo pena de muerte, nunca dirá nada de la orden. Si así es, será ejecutado. -

    Dejó de leer y me miró

    -Bueno esta misiva es ya antigua,  no creo que nadie se la tome ya en serio,  pero nunca se sabe,  hay de todo y puede que alguien se la tome al pie de la letra.  Yo le aconsejo que,  aunque no le de mucha importancia,  sí la tenga en cuenta a la hora de tomar decisiones.  Ahora,  dígame ¿qué quiere hacer? ¿Terminará la misión de Luis o nos ignorará hasta apartar de su mente todo lo visto y conocido?

    Guardó silencio esperando mi respuesta,  que no fui capaz de darla con palabra,  solo asentí con la cabeza.  Claro que les ayudaría,  pero ¿qué se supone que debía hacer yo?

    Cerró el manuscrito y lo devolvió a su lugar y volvió para tomar asiento. Yo estaba aterrorizada, acababa de aceptar mi sentencia de muerte para quien se tomara las normas de la hermandad al pie de la letra, en el caso de incumplir con el pacto tácito que me acababa de relatar Bernardo. Me quedé mirándolo implorando una explicación, un aclaramiento, una orden de lo que debía hacer, una descripción de la misión encomendada; mientras Bernardo ordenaba diversos objetos y documentos que había encima del escritorio. Por fin alzó la mirada para clavarla en mis ojos y con un discurso oficial empezó a relatarme el por qué , cómo y cuándo:

    -Srta. Rosa, Usted no está aquí por casualidad, ni tampoco la hubiéramos aceptado si no cumpliera con las expectativas que creemos que debe cumplir. Sabemos de su capacidad de análisis, conocemos su lealtad innata y su discreción. La hemos puesto a prueba, los dos hombres de negro que la seguían eran colegas nuestros cuya misión era seguirla para comprobar si era capaz de percatarse de ellos, si no la seguían otras personas de las que le informaremos a su debido tiempo y si era capaz de zafarse de ellos con recursos suficientes. Las obras que Vd. ha visto en la improvisada sala de arte, la mayoría son burdas pinturas, sólo una es de un valor doblemente incalculable, puesta ahí para ver si Vd. era capaz de identificar la obra de arte y de valorar su importancia. Los cuadros ya no están en la sala y el cuadro importante ya está a buen recaudo, de eso nos hemos ocupado mientras estamos aquí hablando Vd. y yo. La puerta del bar por donde ha accedido hasta aquí, está siendo tapada y camuflada y jamás podrá acceder a este lugar a través de Alcandoria 66. La misión que le vamos a encomendar es de suma importancia, de hecho a Luis no lo han ahorcado por nada, creemos que agentes del gobierno encargados del patrimonio pensaban, creo que acertadamente, que Luis había averiguado algo relacionado con el cuadro que Vd. ha identificado en la improvisada exposición que le hemos preparado. Queremos saber qué había averiguado Luis, qué tiene que ver ese cuadro y por qué Patrimonio tiene una restauración que es réplica del original, que está en nuestra posesión, y que ellos anuncian a bombo y platillo que es el original restaurado.-

    Me levanté de la silla, pero no me dio tiempo a llegar al lavabo para vomitar.  Me sujeté en la puerta para no caerme al suelo mientras Bernardo me observaba sentado con cara de circunstancia y dándose a sí mismo la razón de que sabía la reacción que iba a sufrir tras la confesión del secreto y misión que me iban a encomendar.  Pude,  tras un breve instante en que permanecí agachada,  levantarme y erguir la cabeza.  

    - ¿Está ya mejor señorita Rosa? - Asentí con la cabeza y me dirigí a la silla para tomar asiento.

    -Siento haberla contado todo esto así de sopetón,  pero lo que tiene que ser que sea cuanto antes.  Venga conmigo-

    Nos levantamos de las sillas y nos dirigimos a la puerta del fondo que al parecer era una puerta principal.  La abrió y me invitó a salir a mí primero,  Bernardo me siguió y aparecimos en el rellano de un portal que daba a la calle,  era el portal 68,  contiguo a Alcandoria 66.  Salimos a la calle y me tendió la mano para darme un sobre.

    -Tenga señorita Rosa, dentro del sobre están las llaves de este portal y de la oficina que acabamos de dejar, será su lugar de trabajo, también tiene unas instrucciones y algunos datos de interés y direcciones y teléfonos que les pueden ser útiles. Esta conversación no la hemos tenido "nunca", y si por cualquier circunstancia alguien preguntara por esta situación, lo negaré todo. A partir de ahora está Vd. sola, nada más se comunicará con la hermandad en casos extremadamente necesario o cuando convoquemos alguna reunión literaria. Entre las llaves también están las del lugar donde guardamos el cuadro y en la carta está escrita la dirección. Copie teléfonos y datos superfluos, memorice cuanto antes direcciones importantes, sobre todo la del cuadro, y destruya la carta cuanto antes.

    Bernardo hizo un gesto de despedida con la cabeza y se fue calle arriba sin mirar para atrás.  Yo permanecí allí inmóvil durante algunos minutos,  intentando asimilar lo sucedido,  sin importarme ni darme cuenta que estaba lloviendo y que hacía un frío que se introducía en los huesos.  

 

    Ya se había hecho de noche y las tenues luces anaranjadas de las farolas iluminaban la calle dándole un aspecto de tétrica. Estaba sufriendo un brote psicótico, mi mente me daba vueltas y estaba aterrorizada de miedo, miraba hacia ambos lados de la calle para comprobar que no había ningún supuesto agente del gobierno espiándome. En chándal, zapatillas y calada hasta los huesos, llegué corriendo a mi casa, entré en mi habitación y sin cambiarme de ropa ni secarme, me tiré a la cama y lloré desconsoladamente.

 

 

CAPÍTULO II PARTE 1

LA SIDTERPA