Escritor, novelista y poeta

Alfonso J. Paredes

Escritor, novelista y poeta


ALCANDORIA 66

    Pedí la clave del Wifi y  me la dieron escrita en una servilleta de papel con la propaganda de la cafetería a la que me había acercado a tomar café, pero debajo se podía leer: "será en Alcandoria 66 a las 18:00 horas". Sólo quería leer la prensa en internet a través del móvil, sin que ello me supusiera un consumo excesivo de datos, o sea que quería internet en el móvil gratis y lo de tomar café era una excusa; pero esa nota debajo de la clave me estaba desconcertando y, de algún modo inexplicable, puso a trabajar mi imaginación dándole mil sentidos a aquella escueta frase, inventándome situaciones o motivos por los cuales, la misteriosa nota había llegado a mis manos, para que yo precisamente la leyera. Decidí introducir las palabras de la nota en el buscador del navegador del móvil, con la esperanza de que me resolviera las dudas sobre a qué se podría referir el texto. Tarea harto difícil pues, o no encontraba nada, o era demasiado grande el archivo, o era excesivamente lenta la conexión. Desalentada por la falta de respuestas a mis preguntas, arrugué la servilleta y la tiré a la papelera dando por imposible la búsqueda y miré la televisión para distraerme. No fui capaz de concentrarme en lo que estaba viendo, una y otra vez me venía a la cabeza “Alcandoria 66”,  miré a los camareros con la esperanza de vislumbrar una señal, un gesto cómplice, un guiño o algo, pero nada. Es más, el camarero que me había servido el café y me había facilitado la clave ya no estaba. Lo busqué con la mirada, esperando que al encontrarlo pudiera pedirle alguna explicación, pero no estaba en el local. Ya no estaba tranquila y, por alguna extraña razón, me había propuesto descubrir qué encerraba aquel misterioso mensaje de la servilleta de papel. La recuperé de la papelera, estaba muy arrugada, y la volví a leer por si, en un alarde de clarividencia, era capaz de descifrar el galimatías, pero nada, la arrugué y esta vez me la guardé en el bolsillo. Se me ocurrió que podía ir a la biblioteca, pues era el punto de acceso a internet más cercano que tenía, además contaba con potentes ordenadores que seguro me guiarían a través de internet para dar sentido a aquella frase. Me levanté dejando el café a medias, no podía soportar la intriga y debía resolver el asunto cuanto antes. Me dirigía a la barra para pagar la cuenta, introduje la mano en el bolsillo de mis pantalones vaqueros para sacar algunas monedas cuando, el camarero de detrás de la barra advirtió mi gesto e inmediatamente se dirigió a mí:



    -Srta. Un señor ha pagado su cuenta,  no debe nada.

    - ¿Quien ha sido? Le pregunté para dar las gracias por la invitación.

    -Un señor alto y rubio,  pero se ha marchado.

    - ¿Sabría decirme a donde ha ido?

    -No lo sé,  sólo dijo que estaba Vd. invitada,  pagó y se marchó por la puerta.

 

    Me quedé muy contrariada,  no sabía qué pensar,  pero de lo que a estas alturas estaba segura era que debía por todos los medios averiguar el significado de todo aquello.  Lo de aquel señor que me había invitado,  me había quedado desconcertada por completo.  Ya no me cabía la menor duda de que era el autor de aquella nota,  si no,  ¿a que se debía invitarme y desaparecer? .  Así que estaba decidida a ir a la biblioteca. 

 

CAPÍTULO I (PARTE 2) EN LA BIBLIOTECA